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¿Cómo nacieron los Paolines? La historia del broche artesanal que dio vida a Color de Esperanza

Cuando alguien conoce nuestros Paolines por primera vez, casi siempre me hace la misma pregunta:


¿Cómo nació esta idea?

La respuesta nunca es corta.

Porque detrás de cada Paolín no solo hay un broche artesanal. Hay una historia familiar, muchos intentos, un propósito que me ha acompañado durante años y la convicción de que el arte puede transformar vidas.

Hoy quiero contarte cómo comenzó todo.


Todo empezó con una pregunta

Hay empresas que nacen porque alguien identifica una oportunidad de negocio.

Color de Esperanza nació por una razón muy distinta.

Durante mucho tiempo hubo una pregunta que no dejaba de dar vueltas en mi cabeza:


¿Cómo podía crear un trabajo que permitiera a las madres generar ingresos sin tener que alejarse de sus hijos?


Esa pregunta apareció mucho antes que el producto.

Después de vivir una experiencia que transformó mi manera de ver el mundo, regresé a Colombia con la certeza de que quería construir un proyecto que generara oportunidades para otras mujeres. Soñaba con crear un trabajo que les permitiera encontrar un equilibrio entre su vida familiar y su sustento económico.

Todavía no sabía qué iba a vender.

Solo sabía por qué quería hacerlo.

Y hoy estoy convencida de que, cuando el propósito es claro, el camino termina apareciendo.


La búsqueda del producto perfecto desde la historia de un broche artesanal

Antes de que existieran los Paolines hice muchas cosas.

Cuando estaba en la universidad diseñaba joyas y las vendía entre mis amigas. Ese recuerdo me hizo pensar que quizá podía volver a ese mundo y desde ahi les voy a contar la historia del broche artesanal que le dio vida a Color de Esperanza.

Así que empecé a diseñar collares, pulseras y aretes.

Durante casi ocho meses trabajé sin parar.

Las personas recibían muy bien mis diseños, pero yo sentía que todavía no había encontrado aquello que hiciera realmente diferente a Color de Esperanza.

No quería crear accesorios simplemente bonitos.

Quería desarrollar una pieza con identidad propia.

Una pieza que contara una historia.

Que tuviera alma.

Que se convirtiera en un símbolo para quien la usara.


El día que mi abuela volvió a inspirarme

Hay momentos que parecen pequeñas coincidencias, pero terminan cambiando toda una vida.

Un día abrí la puerta de mi clóset y encontré un pequeño broche tejido en lana que mi abuela había hecho muchos años atrás.

Lo había visto cientos de veces.

Pero ese día fue diferente.

Lo tomé entre mis manos y sentí que estaba viendo mucho más que un accesorio.

Estaba viendo un recuerdo.

Un tesoro familiar.

Una pieza que había sobrevivido al paso del tiempo porque tenía un enorme valor emocional.

En ese instante entendí algo que cambió por completo el rumbo de Color de Esperanza.

No quería copiar aquel broche.

Quería rescatar lo que representaba.

Quería crear piezas hechas a mano que algún día también se convirtieran en pequeños tesoros para otras personas.


¿Por qué un broche?

Con el paso del tiempo muchas personas me han preguntado por qué elegí un broche y no otro accesorio.

Y creo que hoy tengo muy clara la respuesta.

Un broche tiene algo especial.

No depende de una talla.

No entiende de edades.

Puede acompañarte durante muchos años.

Puedes usarlo en una chaqueta, un blazer, un vestido, una bufanda, un sombrero, una cartera o incluso convertirlo en un llavero.

Es un accesorio profundamente versátil.

Pero, sobre todo, tiene la capacidad de contar una historia.

Y eso era exactamente lo que yo estaba buscando.


La respuesta siempre había estado frente a mí

Ya tenía la inspiración.

Ahora necesitaba encontrar la técnica adecuada.

Quería desarrollar un broche artesanal con un nivel de detalle y calidad que realmente sorprendiera.

Busqué diferentes alternativas.

Hasta que un día levanté la mirada.

En las paredes de mi casa colgaban unos cuadros que yo misma había hecho años atrás utilizando miles de pequeñas chaquiras sobre madera.

Los veía todos los días.

Nunca imaginé que la técnica que llevaba meses buscando había estado frente a mí todo ese tiempo.

Ese fue otro de los grandes regalos de esta historia.

Entendí que muchas veces las respuestas no llegan de afuera.

Han estado con nosotros desde siempre.

Solo necesitamos estar preparados para reconocerlas.


Así nace un Paolín

A partir de ese momento comenzó un largo proceso de experimentación.

Probé materiales.

Colores.

Tamaños.

Acabados.

Diseñé una pieza, la desarmé y la volví a empezar una y otra vez.

Porque nunca quise lanzar un producto simplemente porque se viera bonito.

Quería que cada detalle hablara de la calidad, del diseño y del amor con el que estaba siendo creado.

Hasta hoy seguimos trabajando de esa manera.

Cada colección comienza con una historia.

Después escribimos un manifiesto.

Buscamos los símbolos capaces de representar esa idea.

Y solo entonces empezamos a diseñar.

Por eso digo que nuestros Paolines tienen significado incluso antes de existir.

Color de esperanza en una feria

La feria que cambió mi historia

Cuando sentí que estaba lista fabriqué cien Paolines y los llevé a la Feria EVA.

Recuerdo perfectamente los nervios.

Era la primera vez que otras personas decidirían si aquello que había creado tenía sentido.

Dos días después no quedaba uno solo.

Los cien Paolines se habían vendido.

Ese fin de semana entendí que no solo había encontrado un producto diferente.

Había encontrado el corazón de Color de Esperanza.

Y confirmé algo que sigo creyendo hasta hoy.

Las personas no compran únicamente un accesorio.

Conectan con las historias que ese accesorio representa.


El verdadero comienzo

Quince días después de esa feria me senté con diez madres para comenzar este sueño.

Durante más de ocho meses aprendimos juntas.

Nos equivocamos.

Volvimos a empezar.

Perfeccionamos la técnica.

Celebramos cada pequeño logro.

Hoy somos 25 mamás artesanas que han convertido el arte en una forma de transformar su vida y la de sus familias.

Cada Paolín requiere horas de trabajo.

Miles de pequeñas chaquiras tejidas una a una.

Y un compromiso enorme con la calidad.

Por eso no existen dos exactamente iguales.

Cada pieza lleva la huella de las manos que la hicieron.


Mucho más que un broche

Cuando alguien me pregunta qué hace diferente a un Paolín, nunca empiezo hablando de materiales o de técnicas.

Empiezo hablando de propósito.

Porque un Paolín nació para ser mucho más que un broche artesanal.

Nació para convertirse en un símbolo.

En un recordatorio.

En un regalo con significado.

En una forma de expresar quién eres sin necesidad de decir una sola palabra.

Y eso, para mí, es lo verdaderamente valioso.


Lo que esta historia me enseñó

Cuando miro hacia atrás, entiendo que nada fue casualidad.

Las joyas que hacía en la universidad.

El broche que mi abuela tejió muchos años antes.

Los cuadros de chaquiras que colgaban en mi casa.

Cada experiencia me estaba preparando para este momento, aunque yo todavía no pudiera verlo.

Si hoy pudiera resumir esta historia en algunos aprendizajes, serían estos:

  • Los mejores proyectos nacen de un propósito, no de una oportunidad de negocio.

  • Las respuestas más importantes muchas veces ya hacen parte de nuestra historia.

  • Crear algo diferente requiere paciencia, tiempo y la valentía de volver a empezar tantas veces como sea necesario.

  • Cuando nuestro trabajo ayuda a transformar la vida de otras personas, también termina transformando la nuestra.

Hoy creo que esa es la verdadera historia de los Paolines.

No la historia de un broche.

Sino la historia de un propósito que encontró la forma de hacerse visible.

 

Para saber más sobre nuestro propósito

Si quieres conocer por qué existe Color de Esperanza y cómo trabajamos junto a las mamás artesanas que hacen posible cada Paolín, te invito a descubrir nuestra historia.


Con cariño,


Paola Benrey Fundadora de Color de Esperanza


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